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Pía Martabit: El choque de la libertad con la ciberseguridad para una Nueva Constitución

Existe una dicotomía en la ciberseguridad y en el estudio de la seguridad en general que prontamente saldrá a la luz cuando se discuta el artículo 19, número 7, de la Constitución Política de la República en la Convención Constitucional que asegura a todas las personas el derecho a la libertad personal y a la seguridad individual.

La verdad es que, en la práctica, tanto la libertad y la seguridad tienen una relación dicotómica, es decir, al fortalecer una ponemos en peligro la otra, sobre todo cuando se entiende que el Estado es responsable de la protección a la libertad y derechos como también a la protección de amenazas (sobre todo cuando la amenaza es el Estado mismo).

En la Política Nacional de Ciberseguridad que está por terminar el próximo año se establece que la seguridad, la verdadera seguridad democrática y legítima, se alcanza respetando los derechos humanos y podemos extrapolar la libertad como fundamental en dichos derechos. El subsecretario de Defensa a la fecha de redactar dicha Política, Marcos Robledo Hoecker, decía que la seguridad y la libertad eran complementarias y eso responde a definir una política de ciberseguridad con total respeto de los derechos humanos, ya que “el delito en Internet no puede convertirse en una excusa para atropellar derechos humanos como la privacidad y la libertad de expresión”. Dicha Política es explícita también en decir que “la vigilancia masiva e indiscriminada en el ciberespacio, atenta gravemente contra los derechos fundamentales”.

Este principio es parte indisoluble de los costos a la hora de generar seguridad. La dicotomía de que a mayor seguridad implica reducción de libertad es necesario que lo entienda el sector político minoritario en la Constituyente que se autoproclaman defensores de la Libertad para realmente abogar por su protección. Los otros Constituyentes deberán profundizar en este punto para realmente lograr un balance entre seguridad y libertad que no esté sujeto a interpretaciones partidistas, por muy delicado que sea dicho balance. Y finalmente reconocer que el abuso de poder atropella libertades es defender realmente la Libertad.

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