Ex alumno UDD, Diego Alfaro Palma, ganador del Premio Municipal de Santiago 2015, Categoría Poesía

“Tordo”, poemario de Diego Alfaro, fue ganador del Premio Municipal de Santiago 2015 en la categoría poesía. También fueron galardonados Cristóbal Gaete por su novela “Motel ciudad negra” y Marcelo Mellado con los cuentos de “Humillaciones”.

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El Instituto de Humanidades de la Universidad del Desarrollo saluda y celebra a Diego Alfaro Palma, ganador del Premio Municipal de Santiago 2015 en la categoría poesía, por su libro “Tordo” (Editorial Cuneta).
El jurado fue integrado por diversas personalidades del mundo cultural, como el poeta Raúl Zurita, el artista visual Iván Navarro y la actriz Antonia Zegers, entre otros.
Actualmente radicado en Buenos Aires, oriundo de Limache y librero de oficio, Diego es ex alumno UDD y de la extinta Escuela de Literatura; también editor de la Revista El Navegante.
Aprovechamos la ocasión para anotar algunas cosas, relacionadas con la poesía y la educación.
Aquella Escuela de Literatura hizo algo más que transmitir ideas. Formó, en primer lugar, lectores críticos y rigurosos, lo cual es esencial en un país con tradición republicana y democrática, como se supone el nuestro.
En segundo lugar, formó profesores entusiastas que, pese la visión ingenieril que mete mano en educación a través de sus especialistas, se dedican hoy a transmitir la pasión por la literatura y el saber a los que vienen, jóvenes y niños terriblemente acosados por la cultura del consumismo, de la competencia y de lo desechable.
Por último, y como efecto de lo anterior: hizo de sus estudiantes personas sin temor a jugar con las ideas que trazaban los “profes”, incluso a refutarlas. Es decir, creó autodidactas, objetivo declarado de cualquier diseño curricular que pretenda educar en vez de amoldar.
No se puede ser un autodidacta sin ser un creador, un “espíritu innovador”, diríamos. Ahora, ¿qué innovación aporta la poesía?
En el Chile más inmediato, los jóvenes tendrán el deber de, creando, abrir nuevas posibilidades de diálogo entre las personas, soñar un mito, crear un relato, una Verdad convocante —lo cual excede con mucho una mera campaña política.
Los jóvenes creadores, tanto el homenajeado como los próximos ingenieros, doctores, profesores, abogados, diseñadores, etc., tendrán el deber de reconstruir la confianza entre las personas, de convocar una nueva Belleza.
Y si escribir es escribir para los otros, entonces hoy más que nunca la poesía tiene una responsabilidad pública ahí donde es una invocación de aquella nueva Verdad. He ahí el desafío de este año que se va y en el cual Chile perdió la vergüenza. Crear en vez de copiar.
Saludamos nuevamente a Diego, un perseverante.

Jorge Cabrera L.
Académico UDD y editor El Navegante

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